José Manuel Restrepo: una perspectiva de voto crítico de las derechas colombianas (Primera parte)
Los resultados ocurridos el pasado 31 de mayo hacen replantear absolutamente todos los escenarios de la política tradicional y el destino del país en manos de dos opciones que hace menos de cuatro, ocho o diez años hubieran sido improbables, aún para los que viven del cuento de “hacer prospectiva”. El ex rector del CESA, la Universidad del Rosario y ex ministro de Hacienda, más allá de ser la cara amable y socialmente aceptada en el interior del país -sobre todo en los circuitos jurídicos, académicos y económicos- de Abelardo de La Espriella, es la garantía que muchísimas banderas rojas que puede traer su eventual presidencia sobre libertad de prensa, reencauche de elementos nocivos de la Administración Duque Márquez (2018-2022) afines al globalismo; una reducción del Estado incompatible con muchas necesidades sociales y el regreso de sectores violentos y retardatarios de extrema derecha filofascista, confesional religiosa y con cariz violento después de casi setenta años del establecimiento del Frente Nacional.
“El error es menos peligroso que la extensión indebida de una verdad evidente”
“Oír criticar tontamente lo que detestamos nos incita a defenderlo”
“Totalitarismo” es la realidad empírica de la “voluntad general”
Nicolás Gómez Dávila, filósofo y políglota colombiano. Cofundador de la Universidad de los Andes (1913-1994)
¿POR QUÉ UN VOTO CRÍTICO?
- CON LA ECONOMÍA NO SE JUEGA
En primer lugar hay que decir José Manuel Restrepo, aunque muchos colegas de medios lo olviden -incluso Primera Página destino de la múltiple gira de medios que ha realizado el candidato a la Vicepresidencia-, durante su paso por el Ministerio de Hacienda en la Administración Duque, quien, inducido en el buenismo ingenuo que nos dio la locura colectiva de la pandemia de 2020, sumado a la crisis económica y toda la estratagema internacional para derrocar al desgobierno promovida por la extrema izquierda -porque a la derecha que pudo haberlo sacado la compraron-, generó el primer aumento populista del Salario Mínimo Vital a $1.000.000 en el siguiente año 2021, como si eso hubiese evitado de alguna manera el gran impacto del Paro Nacional o Estallido Social ocurrido en el país, con epicentros principalmente en Bogotá y Cali entre abril y junio -en Bogotá con coletazos hasta agosto de ese año-. Desde 1978 donde se aumentó a $1.050 por el precio de los commodities, presente a una crisis económica y social que afectó a la Administración López Michelsen (1974-1978) que generó en 1977 el Paro Nacional Cívico más grande de toda la segunda mitad del siglo XX que casi logra su salida del poder.
Un punto positivo indiscutible para José Manuel Restrepo entró en ese momento álgido en que por el desconocimiento total del país, la pésima comunicación -y no descarto un entrampamiento por parte de infiltrados en su equipo de asesores, muchos de los cuáles hoy en día se destaparon como seguidores del gobierno actual- y un afán de un sector tecnocrático representante de unos sectores provenientes de cierta universidad privada, apellidos y visiones económicas. A ese sector pertenece el ya desaparecido de la escena pública Alberto Carrasquilla, quien quedó desprestigiado de por vida ante el establecimiento político y ante el nuevo establecimiento político socialista y socialdemócrata ya instalado en la mentalidad colectiva del país. Asumir el reto de ser Ministro de Comercio, Industria y Turismo a ser Ministro de Hacienda es algo que solamente un técnico que sabe lo que hace académica, profesional y gerencialmente puede hacer.
Por esta última razón, podría unirme a las voces desde el sector gremial y profesional que le dan como voto de confianza a la eventual presidencia del abogado De La Espriella, pero no por la razón utilitarista actual en segunda vuelta, o por un ánimo guerrerista o de odio encarnizado al progresismo. Es que simplemente Colombia en su órbita geopolítica y económica a nivel mundial se encuentra ya en un papel protagónico donde las afectaciones no son coletazos de fenómenos macro a un país sin injerencia. Nuestro país, ahora más que nunca tiene un liderazgo emergente en el mundo que puede crecer y mantenerse sí y solo sí nuestros gobiernos resuelven nuestros ya conocidos problemas internos sumando una buen manejo económico -también con soberanía y carácter-.
- LA FUNCIÓN PÚBLICA ES LA BASE DE TODO: LA ESAP DEBE SEGUIR, FORTALECERSE Y CONSOLIDARSE
Hace un par de años en un evento cultural de la élite de Chapinero, un joven empresario antioqueño cercano a Camilo Guzmán, CEO de Liberbank y muy conocido analista de Canal 1 -quien fuera compañero mío de trabajo hace más de 12 años en los comienzos del Centro Democrático como partido, él en la UTL de la senadora Paola Holguín y posteriormente se iría a hacer estudios posgraduales a Inglaterra-, al decirle que yo era becario de Administración Pública Territorial de la Escuela Superior de Administración Pública-ESAP, nunca recibí un comentario con tanto veneno -de alguien, que dicho sea de paso estudió uno de sus pregrados en la muy pública y excelente Universidad de Antioquia-. Prácticamente, para ese individuo, nosotros, los que por la razón que sea de la vida, accedimos a un beneficio que debió existir hace décadas en Colombia -el análisis de su pertinencia daría para un ensayo académico extenso-, no deberíamos existir, como lo expresó en una presentación pública Marcela Melendez la actual directora de FEDESARROLLO.
Ese arribismo, individualismo malsano que es una característica de la mal formada clase media baja colombiana, se manifiesta dentro de o bien las ideologías socialistas que empoderan la falsa creencia de que la vida, la sociedad, alguien debe darte algo por simplemente vivir. La posición de la “conciencia de clase” que hace que algo totalmente casuístico y circunstancial como el país, la familia y la cultura sea algo imposible de cambiar y casi una condena genética. Un determinismo que puede peligrosamente florecer en una suerte de fascismo de facto donde en las zonas marginales no puede haber nada más que la cultura de la degradación cultural y humana, donde la pobreza, la resignación disfrazada de dignidad y la decadencia son “cultura”. Ese es el tipo de gente que dice que “nadie puede ser de derechas si es pobre y viene de la educación pública”, y seguramente se hermana a los que dicen que no puede una niña de Ciudad Bolívar nunca podrá ser bailarina de ballet o que una persona mayor de cincuenta años no debería hacer estudios superiores y trabajar en un empleo de alta exigencia intelectual y de alto perfil.
Las ideas cercanas al libertarismo y sus vertientes son el fortín de ese tipo de gente despreciable. No hay libertario en Colombia que no haya sido primero burócrata de medio pelo del Estado, abogado o tinterillo, o un extremista de derechas católico, neofascista o neonazi frustrado. Ese es el verdadero cáncer intelectual y un peligro para la sociedad colombiana.
En esa posición, hay personas honestas, como el ex candidato a la Alcaldía de Bogotá y pensador Daniel Rainsbeck, quien cree firmemente en sus ideas, ha ganado y mantenido su posición social sólo, desde la academia y el sector privado, además generando un ejercicio gerencial competente. Interactúe con él cuando bajos la rectoría de Santiago Castro (2017-2019) en la Universidad La Gran Colombia en 2019 se hizo la primera y única versión de Nuevos Liderazgos. Me formé en dicho ciclo, y desde esa época, teníamos la esperanza que la derecha conservadora pudiera hacer una oposición argumentada, democrática -y dado el caso, tomar la iniciativa de valor civil de sacar a los usurpadores del poder- generando una nueva generación de líderes nacionales. ¡Y ESE CURSO FUE GRATUITO Y ABIERTO! Lamentablemente la megalomanía del doctor Castro hizo que se truncara el proyecto, la Gran Colombia volviera a ser una universidad privada promedio más sin luchar por un ideal, sino por los cupos y sobrevivir. ¿Cómo hubiera sido una Colombia conservadora sin Duque, con gente nueva, honesta y además sin que nunca hubiera llegado el peronismo al poder?
En ese seminario, al iniciar, se hizo público un informe del Tax Instituto y el Heritage Foundation -think tanks americanos de corte liberal que actualmente son socios del ICP Hernán Echeverría Olózaga- donde se sugería al nuevo gobierno colombiano la eliminación de más de sesenta y seis entidades públicas colombianas, entre ellas desde muchas Alta Consejerías de la Presidencia de la República hasta dependencias del Ministerio del Interior -como la Corporación Nasa Wiwe- e incluso la Dirección Nacional de Inteligencia, basado en el fundamento simplista y que debe ser analizado caso a caso de que “existe mucha burocracia inutil”.
Evidentemente es cierto que muchas entidades tienen duplicidad de funciones, y que gracias a la venta del triunfo del No en 2016 -muestra de que se puede ganar una elección y perderlo todo- tenemos el Acuerdo Final en la Constitución…y mientras sea así, hay que respetarlo como en general las Leyes del país. Pero, para cubrir muchas necesidades vitales de servicios públicos y garantías de derechos fundamentales hay apenas 1.300.000 empleados públicos formalmente contratados-sin incluir personal de Policía, Fuerzas Armadas, Docentes, personal de salud, entre otros-.
Y en eso se ve envuelta la eventual propuesta -que no estaba en 2019- de reciclar la idea de César Gaviria de fusionar la ESAP con la Universidad Nacional, algo, además de incompatible, totalmente lesivo y destructor de los símbolos de la institucionalidad y la democracia colombiana. La única institución educativa pública que hasta 2007 tuvo cobertura total del territorio nacional, cumplimiento de la promesa de modernizar el Estado colombiano superada la Violencia partidista al establecerse el Frente Nacional (1958-1974), además de conjurar el peligro de las dictaduras militares o civiles. Sí, con todos sus muchísimos defectos, nuestra Nación logró traer los avances de la Administración Pública a América Latina como Nación pionera. Inclusive, en 2023, El Salvador de Nayib Bukele utilizó la ESAP como modelo para crear la Escuela Superior de Innovación y Administración Pública-ESIAP, inexistente antes de su llegada al Gobierno.
La sensatez de entender que para que haya libertad económica, democracia y reglas del juego para la libertad de mercado y de las personas debe existir un Estado con principio de autoridad, liderazgo y proyecto de país. Ni Singapur, ni Taiwán, y Corea del Sur, ni China comunista, ni Japón, ni Arabia Saudita llegaron a ser lo que son sin un Estado que utilizó los recursos de impuestos y ganancias de la riqueza natural para reinvertir en educación, cualificación del servicio público, prioridad en las ciencias e ingeniería y todo dentro de un aparato cualificado de Gestión Pública. Colombia tiene ahora más que nunca, no desde la demagogía, sino desde su realidad, la oportunidad de ser la potencia emergente que siempre ha sido dada su grandeza natural, social y cultural -siendo mejores en todo que los países que cité anteriormente-.
Solamente la sensatez del respeto por el pasado, un Estado fuerte con proyecto de Nación que eduque y garantice la vida buena a su población y una conexión con el desarrollo coherente y benéfico para nuestro bloque regional desde nuestra forma de ver la vida, nuestras necesidades sin las extorsiones y pugnas de los nuevos bloques de liderazgo global.
Y eso, no se logra restando la educación de los nuevos liderazgos necesarios para esto.