Las denuncias actuales y comprobadas que han generado la salida de las voces hegemónicas de presentadores de las principales cadenas de televisión privadas, que han sido por veintiséis años la voz de las élites hegemónicas y el régimen que ha destruido a Colombia, más allá de ponernos a debatir quién tiene o no la razón, debe llevarnos a mirar el trasfondo del problema cultural que ha generado una generación que ha ido destruyendo las generaciones jóvenes de las élites colombianas, entregando el poder a las estructuras intermedias al servicio del socialismo, de la delincuencia organizada y las redes clientelares dentro del Estado central y los estados regionales. Más que elecciones entre diferentes caras , necesitamos una recomposición de valores sociales y familiares, lo que será muy difícil si el wokismo y las viejas estructuras de clase -incluyendo el anacrónico culto a los títulos y los apellidos-, será muy difícil.
“Nuestra alma tiene porvenir.
La humanidad ninguno”
“El alma sólo le nace a quien cree en ella”
“La cultura es básicamente el código de los buenos modales de la inteligencia”
Nicolás Gómez Dávila, filósofo y políglota colombiano. Cofundador de la Universidad de los Andes (1913-1994)
1997: EL 1984 COLOMBIANO
Es imposible que siendo periodista de análisis, columnista de opinión y de facto en varias ocasiones relacionista público me quede callado frente a lo sucedido de los escándalos comprobados de acoso en los principales (y únicos) canales privados de cobertura nacional en Colombia. El duopolio aceitado y mantenido por miedo, complicidad y conveniencia desde que torcieron el rabo de la licitación de 1997 para que RTI, Producciones Punch y Producciones JES tuvieran el equilibrio para participar como programadoras que eran -y que también fueron RCN y Caracol- para que de allí haya salido una nueva opción de televisión con calidad, tradición y sello de talento colombiano.
¿El cambio de ganadores de una licitación hubiera cambiado los hechos dolorosos del país sucedidos en las décadas de 1990 y 2000? Tal vez no. Pero la narrativa desde puntos de vista diferentes a los establecidos como dominantes desde 1998 hubiesen dado un mayor desarrollo social a la comunicaciòn como oficio y profesión, y hubiésemos tenido relaciones humanas basadas en el respeto, la sana convivencia social y una verdadera igualdad entre hombres y mujeres basadas en la capacidad y talento.
EL EFECTO RODRIGO LEAL: VEINTE AÑOS DESPUÉS
Existe un testimonio artístico, crítico de esas situaciones reales, que es la telenovela ¿Quién es el Auténtico Rodrigo Leal? (2004-2004) escrita originalmente por la libretista y directiva corporativa de televisión Juana Uribe, quien ha estado detrás de grandes historias originales que han dejado en alto las telenovelas colombianas en el exterior. Esa novela trataba de un hombre, Rodrigo, un chef desempleado de clase media se mete a un reality diciendo que era gay ùnicamente porque la producción necesitaba un personaje homosexual para aumentar el rating -en tiempos donde la homofobia estaba normalizada socialmente tanto como la sexualización de las mujeres en todos los ámbitos sociales, incluso hermándola con una ruptura al orden represivo y conservador machista-. El personaje al entrar al reality su vida se le convierte en una sin salida de tragedias personales.
La crítica al fenómeno que fueron los realities shows a inicios del siglo XXI que coincidieron con esos inicios de los canales privados como la novedad de competencias por el rating de los canales privados además de la ya tradicional competencia entre las telenovelas -que en el anterior esquema eran producidas por programadoras, casi todas privadas en los canales del Estado- y los noticieros -producidos por programadoras que pertenecían a familias y grupos políticos cuyos espacios eran renovados cada cuatro años de acuerdo al capricho del gobierno de turno que favorecía a sus aduladores y silenciaba a sus críticos-.
¿Qué sabrá la libretista, locutora y ejecutiva privada de todos esos escándalos más allá de ideas imaginarias y creativas para una novela?
Dentro de la cultura de la denominada “televisión basura” y la publicidad hasta hace menos de quince años fue basada en la cosificación de las mujeres -a costa de su dignidad, vida y salud-. La industria del modelaje, de la alta costura y de los medios de comunicación. No olvidemos que hasta hace menos de diez años Bavaria eliminó las famosas “Chicas Águila”, coincidentemente con el fenómeno del MeToo, donde principalmente en Estados Unidos, se destaparon horrores y escándalos sexuales por parte de directivos y grandes personajes de la industria del cine y televisión al surgir las denuncias de muchas mujeres que hicieron caer inclusive en prisión al ex contratista Jeffrey Epstein -fallecido en muy extrañas circunstancias en prisión en 2017- y el otrora todopoderoso productor multimillonario Harvey Weinstein.
Ese coletazo cayó a todos los países del hemisferio occidental, y obviamente a Colombia. Pero muchos casos quedaron totalmente replegados al olvido, al escándalo mediático sin trascendencia judicial y con la protección de los conductores hegemónicos de la radio y televisión, además del mundo editorial para no manchar la reputación de personas “intachables”.
EL FIN DE LA ÉLITE PETARDA: ¿VENDRÁ ALGO PEOR O UN CAMBIO?
Hace casi diez años, mientras eso ocurría, la muestra liberal de lo peor de las élites bogotanas encarnadas en las pésimas jefaturas de Estado de Juan Manuel Santos (2010-2018) e Iván Duque Màrquez (2018-2022) estaban entregando el país a las FARC-EP, al narcoterrorismo y dejando los cimientos del populismo disfrazado de “justicia social” y “técnica” -no fue Petro quien hizo el primer aumento del salario mínimo absurdo por encima de todos los indicadores, fue Duque; ni fue Petro el enemigo del petróleo que habló del hidrógeno azul y verde producido bajo quien sabe que promesas o negocios con sus promotores chilenos del desaparecido “Grupo de Lima”-. Mientras todo el establecimiento estaba apoyando la falsa paz con impunidad, pasaron cientos de miles de escándalos de acoso sexual, despidos, homicidios, amenazas…y muchas otras cosas…
¿Cuántas consciencias tuvieron que ser compradas y bocas tapadas con billetes…o plomo del terrorismo o la usurpación del Estado para que la corrupción estatal sin precedentes, la quiebra del Estado, la pérdida de soberanía, la impunidad del crimen, la destinación de dineros esenciales para el desarrollo del país en la economía de la mentira santista? Como un tumor maligno en metástasis crónica explotó, ahora en el 2026 donde ya la consolidación digital sobre los medios análogos es mundial, la industria cambió y la sexualización cultural de las mujeres si bien no ha frenado -la cultura woke es tan hipócrita como la cultura “heteropatriarcal” que critica-, llevando este tipo de casos a tener consecuencias de repudio, censura social y consecuencias sociales inclusive laborales y judiciales.
De este tipo de conductas inmorales se ha alimentado una dinastía completa de generaciones corrompidas, de gentes indolentes y se ha puesto en riesgo el verdadero papel y naturaleza de la mujer, y el futuro de un país.
Celebro que estas verdades se sepan…pero también que la realidad haga salir a la luz a esa generación de petardos bogotanos, a esos que ha denunciado la literatura en obras como Los elegidos de Alfonso López Michelsen, Los divinos de Laura Restrepo y las noticias criminales cuandos sus crímenes son tan decadentes que emergen como Rafael Uribe Noguera. Petardo, en bogotano raizal se le llama a ese tipo de personas arribista, creida, ególatra, montador y humillante con los demás, que siempre hace algún comentario de mal gusto pero que es cubierto y aplaudido por su auditorio.
Desde aquí, estaremos de pie con la verdad. De pie con las mujeres. Y de pie con el desmonte del Estado criminal de los petardos bogotanos.