Lo que hizo posible la libertad fue la gradual evolución de la disciplina de la civilización que es al mismo tiempo la disciplina de la libertad.
Friedrich Hayek

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“Lógica de la Histeria” El análisis de Olavo de Carvalho sobre la Izquierda en la Historia

Como observó el psiquiatra Andrew Lobaczewski en su estudio sobre la élite comunista polaca, un pequeño grupo de psicópatas es suficiente para atraer un vasto círculo de colaboradores y militantes e inyectar en ellos todos los síntomas de una falsificación histérica de la percepción. El histérico no cree en aquello que ve, sino en aquello que él mismo dice y repite.

Por su pertinencia en Colombia, se publica a continuación el análisis completo sobre la psicología de la izquierda, publicado por el profesor brasilero Olavo de Carvahlo en el Diário do Comércio de São Paulo el 18 de Noviembre de 2013.

Lógica de la Histeria

Olavo de Carvalho

Dado que el socialismo perfecto es imposible, todas sus encarnaciones imperfectas sucesivas serán consideradas siempre y necesariamente como “derechistas” comparadas con sus versiones ideales futuras, de modo que la culpa de sus crímenes y miserias tendrá que ser imputada automáticamente a la derecha, al capitalismo, a los malditos liberales y conservadores. Desde lo profundo del Gulag, desde el cementerio o desde el exilio, ellos serán siempre los autores del mal que los comunistas ya hicieron. Ese es uno de los preceptos más esenciales y constantes de la lógica revolucionaria. En la práctica, él corresponde al derecho ilimitado de delinquir, de robar, de matar y de producir toda suerte de horrores y miserias, con la garantía no sólo de la impunidad, sino también de una conciencia eternamente limpia, tanto más lista a levantar el dedo acusador cuanto mayores son las culpas objetivas que carga. Es imposible no percibir la identidad completa entre ese vicio estructural del pensamiento y el rasgo más característico de la mentalidad psicopática, que es la ausencia de culpa o de arrepentimiento, el cinismo perfecto de quien se siente una víctima inocente en el mismo instante en que se esmera en la violencia, en la mentira y en la crueldad. Los psicópatas no son enfermos mentales ni personas discapacitadas. Son hombres inteligentes y astutos sin conciencia moral. Son criminales por vocación. Los únicos sentimientos morales que tienen son el culto a su propia grandeza y la autocompasión: las dos formas, activa y pasiva, del amor propio, llevado hasta sus últimas consecuencias. Ellos no tienen sentimientos morales, pero saben percibirlos y producirlos en los otros, adquiriendo así sobre ellos el poder de un super-ego dominador y manipulador que neutraliza las funciones normales de la conciencia individual y las sustituye por muecas de percepción, colectivas y uniformes, favorables a los objetivos de la política psicopática.

Eso no basta para decir que todos los líderes e intelectuales comunistas sean psicópatas. Como observó el psiquiatra Andrew Lobaczewski en su estudio sobre la élite comunista polaca, un pequeño grupo de psicópatas es suficiente para atraer un vasto círculo de colaboradores y militantes e inyectar en ellos todos los síntomas de una falsificación histérica de la percepción. El histérico no cree en aquello que ve, sino en aquello que él mismo dice y repite. Su experiencia directa de la realidad es sustituida por una estandarización compulsiva que mira siempre las cosas por los mismos ángulos y no llega siquiera a imaginar que puedan ser vistas de otra manera: la sola tentación de hacerlo, así sea por unos instantes, es reprimida automáticamente o rechazada con espanto.

Sólo un pequeño círculo en la cúpula del movimiento comunista está integrado por auténticos psicópatas. La mayoría, desde el segundo nivel hacia abajo, son histéricos. Erik von Kuehnelt-Leddihn documentó extensamente el rol de la histeria en la militancia izquierdista en general, pero fue Lobaczewski quien descubrió que esa histeria no es la causa en sí misma: es el producto de la influencia penetrante y casi irresistible que los psicópatas ejercen sobre las mentes débiles, cambiando su percepción natural del mundo y de ellas mismas por una “segunda realidad” -para usar el término de Robert Musil-, de la cual sólo pueden librarse mediante un salto intuitivo atemorizador y humillante que les costará, además, la pérdida de los lazos de solidaridad grupal, base de su precaria subsistencia psicológica.

Lanzar las propias culpas sobre los otros, es en el psicópata un instinto innato y una de las bases de su poder personal. En el histérico es un hábito adquirido, un reflejo defensivo y un instrumento de integración en su comunidad protectora. En los psicópatas es un fortaleza; en los histéricos una señal de debilidad. No sorprende que los primeros lo usen con astucia y moderación, mientras los segundos lo hacen con total descontrol, llevando el embuste hasta el último límite del ridículo y de la alucinación. Pero el Doctor Lobaczewski va un poco más al fondo en el análisis del fenómeno. Cuando la militancia direccionada por los psicópatas sube a la condición de poder político y cultural hegemónico, la deformación histérica se convierte en el modo dominante de pensar y se propaga por toda la sociedad, infectando incluso a grupos o individuos ajenos u hostiles al movimiento revolucionario.

Esto explica la contaminación del lenguaje de comentaristas “de derecha” por la magia histérica de intentar invertir las proporciones de la realidad a través de la simple inversión de las palabras. Cuando proclaman que Lula y Dilma son “de derecha”, los señores Nêumanne e Magnoli quieren dar la impresión de que el petismo es malo. Para eso, absorben, imitan y propagan el estereotipo verbal creado por psicópatas comunistas para salvar automáticamente la reputación de la izquierda después de cada nuevo fiasco, de modo que ella pueda repetirlo una y otra vez. Combaten el petismo de hoy fomentando el petismo de mañana.

Publicado en el Diário do Comércio de São Paulo el 18 de Noviembre de 2013

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