Un año del gobierno de Iván Duque, el caritativo custodio del proyecto de Juan Manuel Santos y las FARC. 3 Razones

Duque en comparación con Santos se ve como un peso ligero de la diplomacia internacional, acomodando aparatosamente sus intervenciones al afirmar con un tono adusto que “implementará el Acuerdo de Paz”, y garantizando desde presidencia las modificaciones constitucionales que defienden a las FARC en el Congreso

Los últimos 12 meses han servido de base suficiente para analizar la administración del presidente Iván Duque, desde su llegada al gobierno hasta su política exterior. En suma, a un año del inicio del mandato, con ambigüedad sobre la verdad frente a los cultivos ilícitos –el gobierno afirma que “redujo” en 2.000 las hectáreas-, Iván Duque se presenta como un perfecto implementador de todo el proyecto iniciado por el ex presidente Juan Manuel Santos, en suma, la legitimación de la organización FARC como interlocutor político con derechos constitucionales concebidos en La Habana.

En concreto, la administración de Iván Duque no presenta ningún esbozo de amplia modificación política del proyecto iniciado por su predecesor. Así, mes tras mes, sus labores diplomáticas en el exterior se han visto limitadas al sometimiento a la agenda europea liderada por activistas de izquierda donde, tanto Duque como su canciller Carlos Holmes, han “defendido” la implementación de los Acuerdos de la Habana.

Existen 3 principales razones para realizar tal afirmación:

POLITICA EXTERIOR. Duque garantiza en el exterior la “implementación” del pacto de Santos y las FARC y agotó la vía del “Cerco Diplomático”

La política exterior de Duque a un año de su mandato se ve claramente expuesta como legitimadora diplomática de los acuerdos de Cuba firmados por Juan Manuel Santos y el secretariado de las FARC. En concreto, tanto Duque como la Cancilleria en diversos escenarios internacionales han reducido sus intervenciones políticas marco a los términos establecidos por la administración de Juan Manuel Santos, quien logró volcar a la comunidad internacional al engaño de La Habana.

Duque por estos motivos, en comparación con Santos, se ve como un peso ligero de la diplomacia internacional, acomodando aparatosamente sus intervenciones al afirmar con un tono adusto que “implementará el Acuerdo de Paz”. La realidad es otra, a un año de su mandato se desconoce la realidad política de la nación, y las FARC no solamente han ganado rol doméstico, sino internacional, enviando delegados a Venezuela al Foro de Sao Paulo con el visto bueno del presidente de la república de Colombia, y en total impunidad.

MARCO CONSTITUCIONAL. Duque garantiza desde presidencia las modificaciones constitucionales que defienden a las FARC en el Congreso

Desde antes de su mandato, las intervenciones de Duque frente al pacto de la Habana parecían anticipar su rechazo a las modificaciones institucionales lideradas por los Castro con la venia de Juan Manuel Santos. Después de un año, Iván Duque no ha modificado en absoluto ninguno de los términos constitucionales establecidos en coordinación infame entre las FARC y Juan Manuel Santos, evadiendo cualquier tipo de enfrentamiento con las Cortes.

Toda la administración de Duque, adicionalmente, desde su equipo de gobierno hasta su completa agenda legislativa se ha convertido con el paso de los meses en un apéndice de los términos políticos formales instaurados por Juan Manuel Santos, donde las FARC legislan desde el Congreso mientras la JEP recibe dinero del presupuesto nacional. EN suma, Duque no solamente se convirtió con el paso de los meses en un legitimador institucional del marco político dejado por Santos, sino, en su calidad de presidente, en una garantía para las mismas FARC.

ORDEN PÚBLICO. El resultado de Duque “reduciendo” 2.000 hectáreas de coca es mediocre y extremadamente peligroso para toda la región

La reciente estimación del gobierno nacional en el sentido de haber “reducido” en 2.000 hectáreas los cultivos de coca en Colombia no solamente es un anuncio extremadamente mediocre de presidencia sino una alarma roja sobre el orden público nacional.

En suma, con cifras entre las 150 mil y las 200 mil hectáreas de Duque, su “plan” de erradicación” podría durar hasta 100 años, lo que es abiertamente risible. Tal situación además empeora al constatarse que luego de 12 meses de gobierno el presidente ha conservado con su gabinete un secretismo frente a la verdadera situación de los cultivos ilícitos de la nación, más aun cuando el propio gobierno de los Estados Unidos ha manifestado su rechazo al incremento del tráfico de cocaína colombiana en sus fronteras.

Desde esta perspectiva, en un marco internacional, doméstico y de orden público, Duque se presenta como un completo legitimador de la tarea política iniciada por las FARC y Juan Manuel Santos en la administración anterior, lo que debe preocupar a la ciudadanía considerando el alcance político y económico (en la legalidad y la ilegalidad) de las FARC y todos sus cómplices domésticos e internacionales.

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